Los valores espirituales son objetivamente superiores a los materiales: sólo con esta jerarquía la ética mantiene su razón de ser. La subordinación de la ética a la economía afecta no sólo a su esencia, sino también al hombre. Sí, su situación en el mundo, la posición del hombre frente a sí mismo depende estrechamente de la primacía de los valores morales. Ellos permiten al hombre tener confianza en sí mismo, en sus energías y capacidades específicamente humanas

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