Los economistas están habituados a tratar la teoría del valor. Existe una teoría llamada chartalismo que pretende explicar por qué tiene valor el dinero, y podemos encontrar explicaciones que van desde un estatismo radical que es el que daría valor al dinero por los impuestos, a un mercantilismo que sería la moneda de cambio, incluso a un axiologismo que nos diría que es el resultado de la jerarquía de valores.

Sea cual sea nuestra opinión o inclinación por uno o por otro lo que si sabemos es que tanto nuestras sociedades como nuestras empresas están ahítas de valor. Queremos valor en los empleados y directivos, en los dirigentes, queremos tener alto valor añadido, queremos valor en los dirigentes políticos y sin embargo muchas veces no sabemos realmente cuáles son los valores que perseguimos ni mucho menos su jerarquía para poder establecer una prioridad en la elaboración de productos y servicios y en la misma gestión de nuestras organizaciones.

Todo valor parte de un ser, y cuanto más perfecciona a ese ser que le sostiene, más alto deberá estar en nuestra jerarquía. Si el valor se refiere a la empresa, uno por ejemplo será la orientación a ventas y ese estará en la base de nuestros valores organizacionales, que cuanto más desarrollada está nuestra sociedad, más intangibles se vuelven, porque son intensivos en conocimiento y resulta difícil de medirse por no cuantificarse fácilmente.

Sin embargo hay otros muchos valores, que influyen en las compras de todos los días, que no son directamente comerciales o comercializabas, como por ejemplo ¿es amigable la/el cajera/o de mi supermercado? ¿es verdaderamente usable la web de mi compañía eléctrica?(Valor amigabilidad y educación de los empleados) ¿Son buenos pedagogos los profesores de esta universidad o escuela de negocios?(valores pedagógicos) ¿Tiene feng-sui el edificio de nuestra empresa?(valor armonía en la imagen corporativa).

Los valores pueden agruparse básicamente en tres o cuatro niveles, dependiendo si queremos incorporar los valores espirituales o no, y serían valores económicos, éticos, estéticos y espirituales o ascéticos. De su conocimiento, tipificación y clasificación podremos posicionar nuestros productos y servicios de acuerdo a nuestra estrategia más o menos visionaria o más o menos creadora de tendencias o por el contrario seguidora de las mismas.

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